viernes, 23 de julio de 2010

largo popurrí sobre religión

Creerse mejor que otros

Aunque nunca he pensado que la moral y la virtud son patrimonio y monopolio de mi religión -la católica- o del cristianismo en general, pienso que inconscientemente hace algunos años atrás (aunque eso ya hace varios)lo sentía así. Hoy no. Hoy no lo creo ni lo siento. Creo que el sello a fuego de esta certeza me lo dieron mis amigos y amigas ateos. He conocido ateos con principios tan férreos y de talante tan estoico, que hoy me es difícil concebir que algunas personas se crean mejores que otras solo por poseer una religión o tradición que los respalde. Y ciertamente creo que las religiones de tipo exclusivista, esto es, que proponen que la salvación se logra a través y sólo a través de su credo y de ningún otro, no están expresando razonabilidad. Creo, en otras palabras, que caen en un error.

En esta misma línea de reflexión puedo agregar que, suponiendo lo formador, "modelador", constituyente, en fin, suponiendo la tremenda importancia que ejerce en una persona practicante un sistema de creencias, me he asombrado de tener a veces más coincidencias sobre temas valóricos con amistades no creyentes que las que tengo con algunas creyentes. (Y ojo, con "coincidencias sobre temas valóricos" me refiero a valores que el Cristianismo considera como fundamentales, tales como solidaridad, constancia, perseverancia, capacidad de introspección, sentido de la justicia y la caridad, búsqueda de la verdad, ¡sobre todo búsqueda de la verdad!, humildad, entre otros.)

El lector se estará diciendo quizás, "¡valgame Dios (bueno, si es que cree en Él)!" o bien "¡pero por favor! lo que leo no son más que perogrulladas!". Pues bien, en ciertos círculos no lo son y sé que mis dichos pueden caer mal. Ojalá no sea así porque esto no es un ataque a la religión, si no más bien, a cómo se practica y a quiénes practicamos esa religión. Y sobre todo, a la falta de cuestionamiento, de inquietudes, de búsqueda, que tienen los "asentados" ya en una creencia. Muchas veces pertenecemos a una religión y no nos molestamos, no solo en practicar sus principios, sino tampoco en informarnos acerca de ellos, ni en preguntarnos por su sentido. (Es por esto que la obediencia, como virtud, siempre me ha parecido un arma de doble filo. Muchas veces su práctica deriva en pereza intelectual y se escuda tras un piadoso "obedecer".)

Personalmente creo que la religión es un tipo de forma que se le da a la relación de la persona con Dios, con el Creador, con lo Infinito, con lo que está más allá del mundo material. Pienso que hay religiones más cercanas a la verdad y otras más alejadas (no soy de los que creen que no hay una Verdad, pero sí de los que piensan que a ella se puede llegar por distintos caminos). Las prácticas de las distintas religiones son, según mi parecer, respuestas de diversas culturas a la pregunta de cómo crear una relación con Dios, cómo llegar a Él, cómo agradarle, cómo hacer su voluntad, qué camino seguir para entenderle mejor, para oír qué me quiere decir. Y, en su creencia de que Dios es Bondad -de que Dios es Bueno- qué hacer para hacer el bien, cómo hacer de mi persona y de este mundo, una persona y un mundo buenos.

Las muchas coincidencias que existen entre las religiones (sobre todo monoteístas) creo que se deben a que el hombre en sí, como tal, lleva ese germen de lo Bueno (o de Dios si se quiere) y a la vez es conciente de que es finito, limitado y sabe que en contraposición existe algo Infinito, Ilimitado, Perfecto. Esos factores hacen que el hombre, esté cuándo y dónde esté quiera seguir el camino que lo lleve hacia aquello, hacia Dios, siendo un mejor hombre, un hombre bueno. Esto se traduce en las diversas religiones de distintas maneras, por ejemplo, en los mandamientos básicos a seguir, que son muy similares en todas ellas.

Pienso igualmente que esa capacidad y vocación para el bien puede ser comprendida y ejercitada por individuos sin que tengan que pertenecer a una religión. Su práctica es en servicio del bien y valores más o menos universales. En el mundo occidental estos valores coinciden con los del Judaísmo y Cristianismo, que son las religiones más influyentes de este complejo cultural y que sin duda -son muy pocos los que dudan de ello, tampoco lo hacen los no creyentes- han formado parte de los fundamentos de nuestra cultura. Esta coincidencia, sin embargo, no es del tipo casual sino fruto de un proceso de retroalimentación mutua, por llamarlo así. Lo que quiero decir es que el judaismo y cristianismo se han alimentado de la historia y procesos de Occidente para llegar a ser lo que son, y a su vez, la cultura occidental ha llegado a ser lo que es debido a que tales religiones han dado prioridad y énfasis a ciertos valores por sobre otros, llevandonos a ser lo que somos. (No es aquí el lugar de abrir un debate sobre esto, pero por dar un pequeño ejemplo de lo que me refiero: no creo que si el cristianismo hubiera surgido y emigrado primeramente al lejano Oriente, esta religión sería lo que hoy es. Seguramente no sería tan dinámico, ni activo, ni "libertador" como es (entiendase en comparación a unas formas de creencias hiperestables del Oriente. De otra manera, y a la luz de la actualidad no se podría afirmar que el Cristianismo es una religión precisamente "dinámica"). El occidental ha sido desde hace siglos un hombre de acción -más que de meditación- de libertad -más que de predeterminación y destinos designados- y de cuestionamientos constantes. Y esas características han influido en nuestras religiones. Tampoco creo que occidente sería el mismo sin el Cristianismo y eso lo prueba la comparación con la realidad de culturas bajo religiones que, por ejemplo, han sido mucho más reacios que nuestra cultura a dar un papel de importancia a la mujer, donde ellas incluso pueden ser pastoras -en el caso de los protestantes- o monjas, en el del catolicismo.

En fin, creo que me fui por las ramas. El punto es que muchos católicos nos dejamos estar y, resguardados tras el título de católicos-apostólicos-romanos, no solo nos creemos mejor que los que no lo son, sino que no tenemos idea de qué es en realidad comulgar con esta religión.

Críticas desde dentro

Además de eso, puede ocurrir, que cuando empezamos a cuestionarnos el por qué de los dictamenes de nuestra institución, caemos en la cuenta de que no los entendemos o más aún, no estamos de acuerdo con ellos. Y si esta situación llega más lejos, nos dedicamos solo a criticarla y creemos -de manera a veces bastante idealizante- que nuestra religión tiene solo defectos, comparada a otras. (He escuchado muchas veces esto, referido a la religión protestante, por eso más adelante se dirá algo de ello.)

Lo que me produce inquietud de tales opiniones es sobre todo la falta de identificacion con la institución a la que pertenecemos desde niños/as. Estamos acostumbrados a juzgarla como si no fuera nuestra, si nosotros no fueramos ella, si nunca hubieramos recibido algo bueno de ella. No se piense que tengo algo contra la crítica porque no es así. De hecho creo que la crítica es el rasgo principal de una cultura en evolución y de personas concientes. Sin embargo, creo que hay casos en que ella debe ejercerse no como juicio desentendido sino como auto-crítica. Esto es, haciendonos cargo de lo que criticamos y queremos, sea diferente.

Es cierto que por parte de las autoridades mismas de la iglesia se echa de menos la autocrítica y eso genera alejamiento por parte de muchos fieles. Pero eso no es así en todas partes del mundo. Estando en Alemania, me sorprendió para bien que los sermones de domingo contenían muchas reflexiones críticas acerca de asuntos contingentes y decisiones del Vaticano. Quizás sea una característica de una cultura que vio nacer la Reforma, no lo sé. Lo cierto es que ellos ejercen la auto-crítica de modo común, poco escandalosa y respetuosamente.

No sé cuáles son las razones de por qué en estas latitudes da tanto temor practicar la auto-crítica, el tema es que no se hace: o se critica desde afuera -aún por parte de sus fieles-, o se evitan los temas y surge un silencio que huele peligrosamente a "el que calla otorga" (siendo que la mayoría de las veces no se quiera otorgar).

En este sentido cabe preguntarse en qué falla nuestra religión. Cómo hacer que los laicos nos sintamos más parte de la iglesia, que nos sintamos piedra constituyente de ella. Que no sean solo los curas y monjas los que den la cara por ella, por su labor y por sus principios. Qué hace falta para que nuestra fidelidad no sea con los rostros contingentes, con las decisiones pasajeras sino con la religión misma y sus postulados. Con los valores que ella encarna y el estilo de vida que ella propone. Qué hace falta para que ante las crisis, no nos queramos deshacer de nuestro vínculo con ella sino fortalecerlo, reanimarlo, revitalizarlo. Defender el por qué algún día nos decidimos a pertenecer a ella.

Claramente es fácil no estar de acuerdo y querer alejarse de una Iglesia en que los criminales como los pedófilos han sido protegidos por tantos años. Todos quisieramos alejarnos de esta realidad, tener que ver lo menos posible con ello. Pero la verdad es que si creemos en los fundamentos de nuestra religión, en las obras de los católicos que sí merecen nuestra admiración y respeto, entonces, ojalá no quisieramos arrancar, sino mejorar. Y no podemos mejorar algo, dandole la espalda.

Quizás sea hora de preguntarnos qué es ser católico. Cuál es el mensaje que sigo. Y tras responder a esas preguntas sí; quizás nuestro camino sea el seguir otra religión. Pero no porque otra religión está representada por una institución mejor que la nuestra, sino porque el estilo de vida que propone me hace más sentido. Digo esto porque toda religión -como institución meramente humana- ha cometido errores atroces, no sólo la nuestra. Asesinatos horribles han cometido todas: judía, católica, protestante, musulmana. Ninguna se salva. Ninguna se salva de lapidar, ninguna se salva de haber querido/querer usar el poder divino para manejar el terrenal. Las quema de brujas no solo fueron nuestras. Fanatismo irracional existe en todas partes.

¿Qué es ser católico?


Es una buena pregunta y merecería una respuesta de alguien bien instruido en el catecismo y las escrituras. Pero valga aquí un intento de respuesta personal, que no intenta ser completa, sino destacar solo algunos rasgos (muchos de ellos cristianos y no sólo católicos).

Claramente un católico es un seguidor de Cristo. No por herencia familiar o por sangre, sino por decisión. Alguien que quiera seguir su mensaje, independiente de su origen, pasado y condición. Creo que esta característica ha tenido, dentro de otras consecuencias, el que la iglesia sea abierta a una gran diversidad de personas y estilos de vida (la sola variedad de órdenes en la vida religiosa da fe de ello).

Dios es Creador y su figura es la de Padre. Nosotros somos esencialemente creaturas, hijos. Por ende, nuestra relación con él es una relación familiar, de parentezco, conocida. Y de ahí, al ser creaturas, que estamos en deuda con el creador: nosotros no decidimos vivir, se nos dio la vida.

La figura de Cristo es esencial en nuestra creencia, como un Ser que, siendo Dios se hizo hombre para estar con nosotros. Esto significa varias cosas, primero que nada, que nuestro Dios no está lejos, hetéreo, celeste, sino que tiene también forma humana, cercana, capaz de sentir sufrimiento y alegría. En resumen, es un Dios que no desprecia lo humano, lo carnal, lo sensible. Es un Dios que valora lo humano, lo material, y no sólo lo divino en nosotros. La dualidad Cuerpo-Alma no es una dualidad Negativo-Positivo, sino una cualidad que es potencialmente positiva dualmente, si el camino seguido es el correcto.
Segundo, esta encarnación de Dios en un lugar y momento concretos reivindica también la historia de los hombres: la historia no es un devenir sin sentido, años que pasan y pasan unos tras otros como por inercia. La historia es producto de actos humanos y los hombres pueden determinar su curso. Y más aún, la presencia de Dios en ella puede ser definitorio. (La creencia en la Encarnación nos diferencia del Judaimo y de la religión árabe, así como de la imagen ilustrada de Dios, que para retratarlo utilizaba la imagen del Relojero, como un creador del mundo que echa a andar su obra y luego la deja funcionar desentendiendose de ella.)

Creemos en la resurrección, esto es, no creemos en un Cristo muerto, sino vivo. Vivo diariamente, eternamente. De ahí que nunca debieramos sentirnos solos.

Creemos en la vida después de la muerte, de ahí que somos seres esperanzados y nunca desesperados. Podemos estar tristes y descontentos, pero no desconsolados. La vida no es irremediable y si todo acá sale mal, si solo hay pena y sufrimiento, esto no es la última palabra: existe la vida tras la vida. La vida en la tierra es comparada con un camino que hay que seguir, un viaje, una prueba que hay que sortear de la mejor forma. Y la esperanza es una virtud fundamental en nuestra religión.

Dios es amor. Creer en esto es esencial, y pienso, tan esencial como difícil. La gran pregunta de cómo un Dios que es Amor permite el Mal y el Dolor en el mundo, es la duda a la que todos nos enfrentamos alguna vez. Y la irresolubilidad de tal cuestión explica la tercera virtud teologal (la segunda es la caridad, es decir, el amor)de nuestra creencia: la fe. Sin fe, no se puede ser creyente, claro está. Y la fe en nuestro caso es la creencia, no sólo en que Dios existe y es causa primera, sino en que Dios es Amor. Dios es Amor y Perfección y, pese que nos cueste creerlo, debemos tener fe en que lo es y asumir que hay misterios que están más allá de nuestro alcance y que nunca vamos a resolver -por lo menos no en esta vida.

Frente a este Dios que es Perfección, nosotros somos creaturas aún imperfectas. Si cometemos faltas, es porque nos "falta" perfección, y el sentido de nuestras vidas es intentar mejorar, superar esa Falta, para acercarnos a Dios, a la Perfección. En escala humana, el sentido de nuestra vida es ser mejores, caer menos en falta de...: falta de Amor, falta de Fe, falta de... Creo que esta explicación hace más comprensible el sentido que tiene en el cristianismo el pecado. El pecado no es otra cosa que una falta, y de ahí que intentemos no cometer pecados: ellos agrandan la distancia entre nosotros y Dios, lo imperfecto y lo perfecto, lo incompleto y lo pleno.

Ahora bien, yendo al estilo de vida concreto que nos propone el mensaje de Cristo, éste está dado sobre todo por su ejemplo. Él llevó una vida dedicada a amar al prójimo, sobre todo a los más pobres y a los que más sufren. Su preocupación principal era el alma de las personas, no sus adquicisiones. Llevó una vida austera. Fue siempre leal al mandato de su Padre. Entregó su vida a los demás. Su rutina no solo era actuar sino orar. Sanó y perdonó las faltas. Vivió compartiendo lo que era, en comunidad. Fue un líder que se dedicó a servir a sus seguidores y no al revés. Predicó poner en práctica los talentos y no esconderlos, a dejar de lado la avaricia, la ambición y el interés personal, a pedir al Padre lo que necesitemos, a ser confiados como niños y no temer porque sabemos que no estamos solos, a ser humildes de corazón sabiendo que lo que hemos ganado/disfrutado no es realmente mérito nuestro, a ser generosos, a ser valientes y no quedarnos dormidos. A ser la sal y luz del mundo... lo cual no es otra cosa que ser quienes brillan para otros, quienes dan alegría y certeza a los demás... también refiere al gozar las cosas de la vida, a disfrutar de lo bueno que nos rodea.

A diferencia de los protestantes, el catolicismo pone hincapié en la comunidad -y no en el individuo- en la salvación a través de las obras+fe (los luteranos la basan en la fe, independiente de las obras), la veneración de santos como ejemplos mediadores entre Dios y los hombres. Los sacramentos también son un punto de diferenciación, como por ejemplo, la Confesión (mientras que para el catolicismo el acto de humildad de decir, hacer palabra, nuestras faltas frente a un representante de Dios, es necesario para sanar los pecados, esto no es visto así por los protestantes, quienes se confiesan directamente con el Padre), la Eucaristía, entre otros. Incluso existen diferencias estéticas que reflejan modos de ver distinto: mientras para el catolicismo las imagenes son una representación digna de acercamiento entre los hombres y lo divino, los protestantes las evitan por ser malas copias de lo perfecto.

Las diferencias no son solo del tipo prácticas y la Reforma no sólo significó una modificación de la vida viciosa que estaban llevando muchos religiosos, sino también teológicas.

Como dije más arriba, creo que toda religión propone fundamentaciones válidas para sus propuestas y pienso que cada persona debiera tomar el camino que más le haga sentido. Intenté describir brevemente rasgos católicos y para ello agregué algunas diferencias con la religión protestante (aunque debo decir que no soy experta en ésta y estoy abierta a todo tipo de correcciones y comentarios -aunque no a un debate competitivo entre creencias.)

Ahora bien, retomando las preguntas anteriores, creo que nuestra religión ha fallado a la hora de que sus fieles se sientan identificados con ella por varias razones. Pieso que una de ellas es no reconocer a tiempo sus errores. Otra, es una enseñanza poco profunda de ella. Esto, no porque no obligue a sus fieles a un mayor estudio de las escrituras -en este sentido creo que el que es obligado a hacer algo finalmente no hace suyo lo que realiza y que la libertad y voluntad en el campo religioso son fundamentales para formar al creyente- sino porque cuando imparte los contenidos de la religión, lo hace de forma somera y poco interesante. (Y en esto somos todos responables).

Y frente a la pregunta de qué es ser cristiano-católico, creo que la respuesta es más que nada comprometerse a seguir el ejemplo de Jesús y con ello a preocuparnos no sólo por nosotros mismos sino por los demás, especialmente por los más pobres. Siento que en este sentido, como país católico con una tremenda desigualdad, le hemos dejado la tarea de la pobreza a los curas y monjas y nos hemos desentendido en gran parte de este mandato. Y eso no habla muy bien de nosotros.

Nos hace falta compromiso, voluntad y valentía para hacernos cargo de la religión a la que un día decidimos pertenecer, averiguar y despejar nuestras dudas, sentirnos parte del problema y de la solución. Ser también más consecuentes con lo que decimos ser. Hay actitudes de personas católicas que desdicen su creencia de forma radical. Si bien es cierto que nadie es perfecto, creo que hay que empezar por cambiar comportamientos que no se condicen con lo que predicamos. Para mí, uno de ellos es por ejemplo, estar concientes de los problemas de nuestro país, de tal modo que esto definiera mi voto, mi opinión sobre las cosas, mi administración de bienes, mi pago de impuestos etc. No dejarnos llevar por las soluciones que propone el mercado si esto atenta contra valores que nos son fundamentales. Intentar mantenernos en equilibrio, distinguiendo lo superfluo de lo trascendental.

Es evidente que esto conlleva una enorme dificultad. Y no es exigible que todos seamos en todo momento hiper consecuentes. Pero pienso que sí es exigible que al menos, de vez en cuando, INTENTEMOS ser mejores en estos aspectos. Asì como en el de la tolerancia y apertura a los otros, a los que supuestamente no pertenecen al mismo bando que yo.

En fin, como lo advierte el título de esta entrada, sé que he planteado una mezcolanza de temas. Pero no fue otra mi intención. Espero que en algun momento el lector haya encontrado en estas lineas un eco y se haya sentido representado.

Hasta la próxima.